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El supersticioso

Semblanzas con resolución: el supersticioso

Todos los martes iba caminando al trabajo. De embarcarse, ni en la guagua. Los días 13, un suplicio. De ropa amarilla ni hablamos. Infortunadamente, pese a que se levantó con el pie derecho por el lado derecho de la cama, esa fatídica fecha entró a comprar en “un chino” situado en el número 4 de la calle X justo en el momento en que pasaba un gato negro; dentro había un bebé llorando a rabiar y como consecuencia a sus padres se le había roto un espejo que intentaban vender. Inmediatamente cruzó los dedos, tocó una madera… y pidió perejil. 

El alzhéimer

Semblanzas con resolución: el alzhéimer.

Hacía meses que no nos veíamos. Me saludó después del acto llamándome Carlos en lugar de Manuel. Se interesó por mi familia y mi esposa Mercedes a la que bautizó como Carmen. Me preguntó qué hacía allí y le dije que presentado el acto. Se ruborizó un poco al mismo tiempo que buscó disculpas en un problema en los ojos. No supo darme, con certeza, referencias de su cercano entorno familiar. Era el momento de hablar de cosas intrascendentes y que no le preocuparan. Su inteligencia le dice que algo está fallando, pero su mente ya sabe que tiene alzhéimer. 

 

La pesimista

Semblanzas con resolución: la pesimista

De siempre vivió en una casa terrera por temor a caerse en las escaleras. No iba a la playa porque siempre pensaba que iba a llover. Un análisis médico era una de sus principales preocupaciones ya que empezaba a sospechar que alguna enfermedad le acechaba. Sus respuestas habitualmente empezaban por un no. Para ella cualquier tiempo pasado siempre fue mejor. No tenía metas pero sí la certeza de que no le tocaría la lotería (por supuesto no jugaba) pero un amigo le incluyo en una peña y le tocó El Gordo de Navidad. Ahora está internada en un hospital psiquiátrico. 

 

El falso

Semblanzas con resolución: el falso.

Quería ser presidente y  se gastaba el dinero de la directiva en viajes particulares. Iba de hoteles de lujo, pero dejando “muertos”. Hacía dieta y comía chocolate a escondidas. Siempre de chaqueta, ocultaba una gran barriga. Hablaba de honestidad y cobraba a los entrevistados. Decía que le gustaba el Real Madrid, pero en casa veía los partidos del Atlético. Ya mayor, sin canas, pero nos enteramos que se teñía. De piel tostada, resultó que tenía en casa un aparato de bronceado. A veces parecía más alto, y es que llevaba tacones camuflados dentro de los zapatos. Fumaba, pero cigarrillos electrónicos. 

 

El pedigüeño

Semblanzas con resolución: el pedigüeño

Apareció un día en aquel semáforo tardón. Pedía dinero, en un español estilo indio, para alimentar a su esposa y dos hijos. Todos los días, mañana y tarde. Durante mucho tiempo, el mismo vaquero, los mismos tenis. Luego, el idioma, la variedad y la calidad en la ropa aumentaban proporcionalmente a la mengua de espera pidiendo. Dejé de verle los sábados, domingos y festivos. Hasta que lo observé conduciendo un reluciente coche; me confirmó su compra. Jugaba lotería a diario. Dos años del principio al fin de esta historia; mis hijos, entonces y ahora, sin trabajo, sin coche… sin semáforo. 

Manuel Negrin (2016)