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Al margen, Grupo XDC

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Un día a la semana, los miércoles, en Radiocadena Española en Tenerife, José Agustín Gómez escribía, y leía en directo en antena, una sección titulada “Al margen”.

“Al margen” lo considero una aportación literaria, más al estilo de periódico, al programa deportivo Sintonía XDC. Como una columna de opinión. De nuevo se puede ver aquí la aportación singular, diferente, de los miembros del Grupo XDC, al colectivo.

Por lo que ya hemos mencionado en otras notas, sobra decir que esta sección también tenía una cortina musical propia, con presentación para la entrada, y otra para la salida. 

Se trataba, como su título indica, de una reflexión personal, al margen del tratamiento habitual dentro de un programa deportivo, de algún hecho acaecido en torno al deporte durante las fechas precedentes. 

Como se puede observar, por las imágenes adjunta con el texto original, en aquel tiempo, se escribía a máquina (ni siquiera había llegado aún la máquina eléctrica) por lo que las modificaciones, rectificaciones o errores no se podían borrar y para manipularlas o bien se tachaba lo escrito o bien se corregía con posterioridad con un bolígrafo o un lápiz (los rotuladores también llegaron más tarde). Quiero ello decir que antes de escribir había que pensarse muy bien lo que se iba a poner. 

Al margen

José Agustín Gómez (22-abril-1987)

Como en la vida misma. O mejor dicho, es la vida, la vida en toda su complejidad. Con sus cosas nobles, con sus cosas falaces, con sus alegrías, su penas, su éxitos, sus fracasos, sus frustraciones… Con sus intereses por medio, con sus gestos generosos, sus intenciones egoístas. Hasta con su moral y con su ética.

Acaso sea por eso mismo por lo que la mayoría de la gente entiende de deportes, se apasiona por el deporte, se ensoberbece, se agiganta, se irrita, se agrede, se venga, se persigue, se despotrica, se alaba, se envidia y, a veces, hasta se perdona. Como la vida, como en la vida misma.

No puede extrañarnos, por consiguiente, que siendo el deporte cosa de hombres y mujeres, claro, - de seres humanos, que es lo que somos todos, para no meternos en tiquismiquis -, las cosas que suceden en el deporte, acerca del deporte, en torno al deporte y a causa del deporte, unas veces por más y otras por menos y otros ni por más ni por menos, siempre ofrecen la posibilidad de meditar sobre la condición humana, sobre la conducta humana en particular y más en concreto todavía, como ya he apuntado, sobre esa cuestión tan relevante, tan traída y llevada hoy como es la Ética. Para los más viejos, la moral, y para todos, el comportamiento con nuestros semejantes y con nosotros mismos.

Esa cuestión tan difícil de definir y en la que casi nunca estamos de acuerdo unos con otros. Para unos, los más estrictos, porque se dice que se juzga con mangas demasiadas anchas. Para otros, los menos severos, porque aseguran que se aplican magnas estrechas en demasía. Una situación dispar ubicada en los extremos del viejo adagio: “Ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio”. Nos sucede a diario. Hay quien se irrita por un quítame allá esos pelos, y quien permanece orondo y tranquilo, aunque vea llover chuzos de punta. Y por lo oído, parece ser que recientemente una ilustración plástica de ambas actitudes éticas, ha tenido lugar con motivo de una de las infinitas ruedas de prensa a que habitualmente da motivo el mundo deportivo. Lo curioso del caso es que ante una actitud descortés o presunta ofensa, el sujeto destinatario se mantiene impávido y ajeno, distante y tranquilo, mientras que son otros quienes se la toman por la tremenda, hacen del caso una causa personal y ponen con airado gesto de manifiesto su repulsa, su protesta y su condena. Y ésta es la cuestión. Ahí reside el meollo de la consideración ética que ahora nos tiene a todos sumidos en un mar de confusiones. Verbigracia: ¿Quién tiene derecho a darse por ofendido, el destinatario de la presunta ofensa o los amigos del destinatario? Existe también la regla, no menos ética, de que no ofende quien quiere sino quien puede. Más, en particular y continuando hablando éticamente, para que exista ofensa lo esencial habrá de consistir en que el presunto ofendido la asuma como tal. ¡La de ofensas que se les grita a los árbitros en el transcurso de la mayoría de los encuentros deportivos! Y ellos, nada, no se dan por enterados, pasan de ellas. ¿Sería lógico, pues, que el Colegio de Árbitros se declarase en huelga? La de castañetazos que se dan unos a otros los jugadores de un encuentro y vemos cómo, gentilmente en muchos de los casos, vienen todos caballerosos y se dan acto seguido la mano para que los comentaristas deportivos puedan decir aquello, que siempre se dice en estos casos, de que “aquí no ha pasado nada”.

No ha pasado nada y, sin embargo, pese al perdón mutuo de los protagonistas, las más de las veces surge, a pesar de todo, el grito soez desde las gradas, el insulto colérico y hasta alguna que otra lata, moneda o piedra, arrojada con furor a la cancha. Para los protagonistas, efectivamente, aquí no ha pasado nada, pero los amigos, los fans, los partidarios de los protagonistas no perdonan y, si pueden, hacen la cusca. En casos así, y otros análogos, ¿a quién habrá de adjudicársele el comportamiento ético? 

 Te molestan a ti, te ofenden a ti, y el que se enfada soy yo. Y si tu no das por válida ni por eficaz la descortesía o la ofensa, ¿qué derecho ético me corresponde a mí, para ser yo quien se sienta ofendido? ¿No sería, éticamente, una intromisión ajena en la dignidad personal del ineficazmente agredido? Éticamente, porque éticamente nos planteamos todos los comportamientos humanos, ¿no estaríamos ofendiendo al ofendido, manifestándole con nuestro aparente apoyo que le estamos llamando tonto y cobarde en sus propias narices, nosotros quienes nos llamamos sus amigos?

Casi todo el mundo tenemos por imposible el meternos en cuestiones matemáticas, porque las matemáticas son, según opinión generalizada, la cosa más difícil del mundo, pero ahí tienen ustedes a la Ética, rebanándonos los sesos y no dejándonos pegar ojo, cuando nos metemos a juzgar éticamente la conducta de los seres humanos. Hasta en cosas tan éticas, tan hermosas y tan nobles como parece ser que es, por su propia esencia, el Deporte. 

 

Manuel Negrin (2016)